Gobierno de Gibraltar
Discurso del Ministro Principal, Fabián Picardo, en el Almuerzo de los Servicios Financieros del Día de Gibraltar en Londres 2026
Gibraltar, 19 de octubre de 2026
Excelencia, ministros, distinguidos invitados, señoras y señores:
¿Cómo podría estar a la altura de todo eso?
Permítanme comenzar dándoles la bienvenida a lo que, sin duda, será mi último discurso sobre servicios financieros en este lugar como Ministro Principal.
Ya veo las caras de alivio en algunas mesas.
No se preocupen.
Les he pedido que mantengan las puertas cerradas con llave hasta que termine.
Este es mi decimotercer discurso como Ministro Principal en uno de estos actos.
Y, como digo constantemente en Gibraltar, ese número da suerte a algunos.
Es la última vez que tendrán que escucharme hasta el final, hasta que les sirvan las tablas de quesos.
Pero ha pasado mucho tiempo desde 2012, cuando me dirigí a ustedes por primera vez.
¿Puedo pedirles que se suban conmigo al DeLorean y volvamos a 2012?
David Cameron era el Primer Ministro en Downing Street.
Como nos ha recordado Albert [Ísola], en una cosa nos llevan ventaja.
Desde entonces, nosotros solo hemos tenido un Ministro Principal. Ustedes han tenido siete [Primeros Ministros].
Recordarán que uno de esos siete magníficos duró lo que un suspiro.
Supongo que ese es el tipo de precio político que se paga en una época turbulenta.
Y durante todo ese tiempo, y a pesar de todo lo que Albert ha dicho con tanta amabilidad (esperaba una estatuilla de oro al final de su intervención), Gibraltar también ha soportado muchas tormentas políticas.
En 2012, desde este mismo lugar, les dije que Gibraltar no era un lugar difícil desde el que hacer negocios.
Creo que tenía razón.
Y puede que muchos de ustedes hayan venido a Gibraltar desde entonces y ahora estén de acuerdo.
Pero lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor era realmente duro.
Una crisis de la eurozona.
Una frontera que podía pasar de ser blanda a estar sometida a controles estrictos en un instante.
Y después, en 2016, aquel maldito referéndum que Albert acaba de recordarnos.
Todos nosotros votamos a favor de permanecer, y el resto de la población británica, con la habitual cortesía y flema británicas, votó a favor de salir.
Cuando entraron en mi despacho la mañana siguiente a la votación, los ministros decían: “¿Qué vamos a hacer?”.
Y en cada almuerzo de los servicios financieros al que he acudido aquí desde 2016, ustedes me han preguntado: “¿Qué va a pasar con el Brexit, Fabián?”.
Y yo les he ido diciendo:
No se preocupen, la certidumbre está al caer.
Tengan paciencia.
Confíen en que en Gibraltar cumpliremos.
Y creo que estábamos llegando a un punto en el que, cada vez que les decía “la certeza está al caer”, ustedes pensaban: “Ah, así es como un gibraltareño dice mañana[1]”.
Pues bien, la certeza ya está aquí.
El 14 de julio de este año firmamos el Tratado en Bruselas.
Esa misma noche derribamos lo que quedaba de la frontera física entre Gibraltar y la Unión Europea.
Y después hicimos algo realmente difícil.
El Parlamento de Gibraltar respaldó por unanimidad los términos de ese acuerdo.
Quienes conocen un poco Gibraltar sabrán que conseguir la unanimidad en el Parlamento de Gibraltar es casi tan raro como encontrar aparcamiento en Main Street.
Pero lo hemos conseguido.
Y contamos con un marco basado en el Tratado que nos proporciona una seguridad jurídica duradera.
Protege a los más de 15.000 trabajadores transfronterizos.
Eso es casi la mitad de nuestra población activa.
Protege a los millones de personas que vienen a visitarnos a Gibraltar cada año, lo que además supone una parte muy importante de nuestros ingresos públicos.
Y todo ello sin ceder nada en materia de soberanía.
Los ingredientes perfectos para transformar, mediante la alquimia, el Brexit en algo positivo.
El año pasado, no aquí, sino en Mansion House, les dije que el Tratado que estábamos diseñando convertiría el Brexit en rejas de arado.
Pues bien, la reja del arado está lista.
Ha llegado el momento de arar.
Sé que todos ustedes, hombres y mujeres de la City aquí presentes, prefieren las cifras a la poesía política.
Así que permítanme repasar algunas de las cifras de las que ha hablado Albert y explicarles lo que creo que significan.
He triplicado el PIB de Gibraltar durante mi mandato.
Hemos triplicado el tamaño de la economía.
No necesito alardear de ello. Albert ya lo ha hecho.
Pero también merece la pena que les cuente lo siguiente.
Hoy comparte mesa conmigo el ex Ministro Principal, Sir Peter Caruana.
En sus 15 años en el cargo, el PIB pasó de unos 350 millones de libras a 1.100 millones de libras.
También entonces se triplicó.
Odiaba oírte utilizar esa cifra.
Solías sentarme en algún rincón y tenía que escuchar todo esto justo antes de unas elecciones generales en Gibraltar.
Y recuerdo que pensaba: ¿cómo demonios voy a triplicar 1,1?
En eso me ha ganado.
Nunca podré igualarlo en eso.
Estoy a punto de retirarme como Ministro Principal de Gibraltar.
Y no me refiero a bajar del atril, sino a dejar el cargo.
¿Pueden permitirse no estar en Gibraltar, si aún no están allí, si Gibraltar está a punto de iniciar otro periodo en el que triplicará su PIB?
En Gibraltar, no hay dos sin tres.
Peter también triplicó los ingresos, que pasaron de 100 millones de libras a algo más de 300 millones.
Nosotros los hemos vuelto a triplicar, hasta rozar los 900 millones.
El PIB per cápita ha alcanzado las 80.000 libras, el tercero más alto del mundo.
Nuestras aseguradoras suscriben ahora un tercio de los seguros de automóvil que se contratan en el Reino Unido.
Nuestro sector del juego recibe dos tercios de todas las apuestas que se realizan en el Reino Unido.
Y el tres no deja de aparecer.
Y tampoco nos quedamos atrás en lo que respecta a las normas de regulación.
Creamos el primer marco regulatorio a medida para la tecnología de registros digitales compartidos (Distributed Ledger Technology, DLT) cuando la mayoría de los reguladores todavía intentaban deletrear la palabra “blockchain”.
El Régimen de Autorización de Gibraltar es su puente de Londres, gracias a Sir Bob, que también nos acompaña hoy.
Y, a diferencia del de la canción infantil [London Bridge Is Falling Down], este puente de Londres no se va a caer en un futuro próximo.
Pero en 2016, a pesar del Brexit, les dije que este almuerzo trataba de lo que Gibraltar iba a ser, no de lo que era.
Así que permítanme terminar mi discurso de hoy, el último que les dirijo, mirando al futuro.
PRIMERA PREGUNTA, POR DIEZ PUNTOS: díganme otra jurisdicción de la Europa continental que les ofrezca todo esto a la vez:
El Derecho anglosajón (common law), con recursos en última instancia ante el Consejo Privado en Londres.
El inglés como idioma de los negocios.
La libra esterlina como moneda.
Una regulación alineada con la del Reino Unido, con acceso al mercado británico.
Y ahora, ninguna frontera física con el espacio Schengen.
Un mercado de servicios con el Reino Unido y el acuerdo sobre mercancías y personas con la UE.
Tómense su tiempo.
Otra copa de vino.
Piénsenlo bien.
Pero ya les digo que solo hay una respuesta.
Gibraltar es el único lugar donde las empresas británicas pueden operar bajo el Derecho británico, con una Europa abierta a sus puertas y África en el horizonte cercano.
Aseguradoras, vengan por la estabilidad.
Gestores de fondos, vengan por la rapidez de acceso al mercado.
Fundadores de fintech, vengan por unos reguladores que de verdad cogen el teléfono.
Family offices, vengan por la seguridad, la protección, el sol y los colegios.
Y todo ello en una jurisdicción que sigue no una, sino dos reglas de oro.
Nunca gastamos más de lo que podemos recaudar.
Y triplicamos el tamaño de nuestra economía cada 15 años.
Mi sucesor ya puede sentir la presión.
Para ser justos, debo añadir que hay algunas cosas que no podemos hacer.
Nuestros residentes más famosos, los macacos de Berbería, no tienen el más mínimo respeto por los derechos de propiedad, la regulación ni ninguna otra cosa.
Pero son la única parte de Gibraltar que se resiste a la regulación.
Señoras y señores, la noche en que fui elegido por primera vez dije que había despuntado un nuevo amanecer rojo.
Para mí, aquel amanecer fue en 2011, y por fin se acerca el ocaso político.
Para ustedes, como inversores, el nuevo amanecer es ahora, en el primer año completo de certidumbre que Gibraltar conoce en una generación.
Así que me bajo del atril.
Pero no me voy de Gibraltar.
Y espero con ilusión hacer negocios con colegas de la City.
Así que la próxima vez que me vean, puede que esté a su lado de la mesa.
Por favor, sean benévolos.
Estoy un poco oxidado en materia de cláusulas estándar y apenas estoy empezando a aprender a utilizar la IA.
Pero hasta que volvamos a vernos, ya sea en una sala de juntas o en una sala de datos en algún lugar de aquí, gracias por 15 años de amistad y apoyo a Gibraltar.
Y por unos almuerzos muy buenos una vez al año.
Y recuerden:
Gibraltar seguirá siempre orgulloso y firme.
Siempre creciendo.
Siempre cumpliendo.
Y, venga lo que venga, creo que podríamos estar a las puertas de volver a triplicar nuestra economía.
No dejen pasar la oportunidad.
Nos vemos en Gibraltar.
Discurso en pdf con original en inglés incluido.
FIN
Nota a redactores:
Esta es una traducción realizada por el Servicio de Información de Gibraltar. Algunas palabras no se encuentran en el documento original y se han añadido para mejorar el sentido de la traducción. El texto válido es el original en inglés.
Para cualquier ampliación de esta información, rogamos contacte con
Servicio de Información de Gibraltar
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[1] En castellano en el original.