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Félix Álvarez: “Hemos contribuido a crear la conciencia de una sociedad civil independiente en Gibraltar” – A063

El Presidente de Equality Rights Group celebra la aprobación de la Ley de Uniones Civiles en Gibraltar

InfoGibraltar

Félix Álvarez: “Hemos contribuido a crear la conciencia de una sociedad civil independiente en Gibraltar”

Gibraltar, 21 de marzo de 2014

El Parlamento de Gibraltar ha aprobado hoy el proyecto de ley sobre uniones civiles para homosexuales y heterosexuales. Es el momento de hacer balance para Equality Rights Group (ERG), la asociación que Félix Álvarez, un gibraltareño casado en España y con residencia en Gibraltar y La Línea de la Concepción (Cádiz), fundó hace 14 años como Gibraltar Gay Rights (GGR). La iniciativa, que surgió como una plataforma de defensa de los derechos del colectivo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) ha ampliado su ámbito de actuación para convertirse en una asociación que ampara a diversos grupos que tienen en común la defensa de los derechos humanos en Gibraltar.

La cara más visible de Félix Álvarez, licenciado en derecho, lingüista y Oficial de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, es la de activista comprometido con la lucha por la igualdad para los homosexuales. Estudió Derecho precisamente para comprender las ramificaciones jurídicas de su labor al frente de la asociación. Esta dedicación plena a una causa que ha ganado terreno con los años le dificulta terminar los seis libros que tiene pendientes y, según comenta, en ocasiones oculta otras facetas que le gustaría compartir de cuando en cuando, pero no se arrepiente. Ha propiciado logros que eran impensables hace poco más de una década y espera seguir avanzando. Él es el encargado de hacer un poco de historia sobre la evolución de la situación en Gibraltar.

The end of the fear factor

Félix Álvarez fundó Gibraltar Gay Rights en 2000, tres años después de su regreso a Gibraltar. “Se había despenalizado la homosexualidad en 1993, pero siete años más tarde no había habido progreso alguno. Ningún partido político estaba dispuesto a sacarlo a la luz pública, los medios de comunicación no reflejaban esta realidad”, explica cuando se le pregunta sobre los motivos de su decisión.

Nació en Gibraltar y, aunque se educó en Londres, volvía a su tierra natal en vacaciones. Trabajó durante un largo periodo en el extranjero y cuando regresó en 1997 no era demasiado consciente de cómo era la realidad que le esperaba. Creía que podría establecerse junto a su pareja, de nacionalidad extranjera, sin problemas, aunque no fue así. “Me encontré con dos realidades bastante negativas, tanto en España, porque había entrado el gobierno de Aznar y había paralizado todos los proyectos de parejas de hecho que bajo el anterior gobierno de Felipe González se proponían, como en Gibraltar, con el Gobierno del anterior Ministro.

Principal, Peter Caruana”, recuerda. “Escribí a Caruana una carta a título personal diciendo: ‘Tengo mi pareja, quiero traérmelo para acá, sé que no está dentro de los esquemas legales y por compasión, etc.’ Jamás recibí respuesta del señor Caruana ni me confirmó si había recibido mi carta. Ahí empiezo toda una trayectoria”.

Fue esa situación personal la que le llevó a averiguar cuál era la situación de los homosexuales en Gibraltar. “Me encontré en una situación en la que tienes que decidir si te enfrentas a algo o huyes y decidí que no podía huir de aquello, que jamás podría vivir conmigo mismo ni con mi propia conciencia si no hacía nada”.

El primer paso fue intentar contactar con otros activistas y particulares de la zona. No fue una tarea fácil porque, según afirma, muchos de los que le expresaban su apoyo no querían hacerlo públicamente. Finalmente decidió fundar la asociación.

Dos semanas después convocó una reunión pública a la que asistieron 21 personas, un comienzo que le pareció más que aceptable para una comunidad tan pequeña como Gibraltar. Se aprobaron unos estatutos que, aunque tenían como eje los derechos LGBT, reconocían que la lucha por los derechos de los homosexuales formaba parte de una lucha más amplia por los derechos humanos en general.

The end of the fear factor (‘Se acabó el factor miedo’) fue el lema escogido desde el primer momento. “Creo que la gente percibió como el coraje de poder aceptar todo eso públicamente sin disculparse por ser tal y tal, sino como un derecho propio como ciudadano, era un enfoque totalmente nuevo”.

Álvarez destaca que desde los primeros años no sólo se acercaban LGBT a GGR, sino también mayores, minusválidos, inmigrantes y otras personas que se sentían en una situación no igualitaria.

Volvió a escribir al anterior Ministro Principal y finalmente obtuvo una respuesta. “Fue más o menos para decir: ‘Yo no voy a hacer nada al respecto, a no ser que me obliguen’. Entonces hice una campaña para obligarle”. Esa campaña se tradujo en peticiones a los organismos de la Unión Europa al Consejo de Europa y a conversaciones con parlamentarios en Westminster [sede del Parlamento inglés], partidos, redes de apoyos y activistas de otros países.

Sin embargo, la asociación nunca perdió de vista a su interlocutor más necesario y más inmediato: el pueblo de Gibraltar. Al mismo tiempo, entabló un diálogo con el que entonces era el partido de la oposición, el GSLP, que gobierna en Gibraltar desde diciembre de 2011. En 2003-04 GGR obtuvo el compromiso del GSLP de que respaldarían públicamente las peticiones presentadas por el colectivo.

Reivindicaciones históricas

Álvarez aclara que las demandas que planteaba GGR no eran muchas, pero sí importantes. Reivindicaba una ley igualitaria de edad del consentimiento sexual, ya que antes para los heterosexuales la edad de consentimiento mínima era de 16 años y para los homosexuales era de 18. Lo consiguieron. Querían una ley de uniones civiles. También la han logrado.

“En la actualidad se ha quedado un poco atrás el tema de uniones civiles porque en muy pocos años se ha avanzado rápidamente hacia el matrimonio, pero desde 2000 lo que se planteaba en casi todos los países europeos eran las uniones civiles porque nadie se imaginaba que se iba a llegar al matrimonio ni tan rápidamente. Llegamos a un acuerdo con el GSLP de que si llegaban al gobierno iba a haber una ley de uniones civiles, que es lo que se va a aprobar el viernes”, subraya.

Ante la posibilidad de solicitar el reconocimiento legal del matrimonio homosexual, EGR ha decidido no actuar por el momento. Una vez que la ley de uniones civiles sea de aplicación en Gibraltar, el colectivo preguntará a sus integrantes si considera necesario que en el futuro se avance en este sentido.

“En realidad no van a existir diferencias aparte del nombre. Esta ley incluye aspectos como el reconocimiento de la adopción homoparental. Hace seis meses aproximadamente se ganó la batalla de la adopción homoparental en sede judicial”, explica Álvarez. “Ahora, con la ley de uniones civiles se reconoce implícitamente esta adopción, de manera que ya no es tan solo una decisión judicial que sienta jurisprudencia, sino una norma con rango de ley”.

Confía en que España reconozca las uniones civiles registradas en Gibraltar, aunque no descarta una posible oposición. “Espero que no haya problemas con España porque reconocen el matrimonio heterosexual contraído en Gibraltar”, comenta, “pero como la situación está tan tensa, sobre todo recientemente, y porque hay quien cree que reconocer una ley gibraltareña implica de algún modo reconocer la jurisdicción a Gibraltar, nunca se sabe. Por parte de Gibraltar no va a haber ningún problema en reconocer el estatus español, ni de América, ni de Japón ni de ningún sitio porque la ley incluye un reconocimiento de las uniones de hecho registradas en otros países”.

Otro aspecto importante es que la unión civil se extiende a parejas heterosexuales. “Siempre hemos pensado que es importantísimo en una democracia que la ley sea aplicable a todos; si el colectivo gay va a tener esta opción, ¿por qué no la van a tener aquellos heterosexuales que la prefieren al matrimonio por cualquier motivo?“, recalca el presidente de ERG.

“Aquí estaríamos más avanzados en ciertos aspectos, que también lo hemos estado antes, pero por muy poquito tiempo. Cuando se despenalizó la homosexualidad en Gibraltar la edad de consentimiento homosexual era 18 y en Inglaterra aún era 21, aunque a los nueve meses se equiparó. En realidad hemos ido muchas décadas por detrás en otros aspectos, pero hemos tenido periodos muy pequeños en los que hemos ido por delante en algunas cuestiones”, añade.

El camino hacia la tolerancia

La sesión parlamentaria del próximo 21 de marzo es una de las más esperadas por el colectivo homosexual de Gibraltar y por aquellas personas heterosexuales que quieren compartir su vida con su pareja sin casarse. Está prevista una celebración el 28 de marzo en The Island, en Ocean Village, con música y actuaciones a la que todos están invitados. El motivo de celebración no es solo la nueva ley, sino el cambio registrado en los últimos años.

Así responde Álvarez cuando se le pregunta qué encontró cuando regresó a Gibraltar en 1997: “Había mucho miedo, recuerdo gente que incluso se me echaba a llorar cuando le explicaba mi planteamiento, me decían cuánto sufrían porque eran homosexuales y lo ocultaban a su entorno. Con 19 o 20 años venía para acá, dos o tres meses en verano, y me daba cuenta de que todo era muy secreto, muy oculto. Había un bar y si te acercabas allí la gente te señalaba…También me iba enterando de casos de gente que se suicidaba, de alguien que había sido asesinado por marineros con los que habían ligado…Eran cosas que sucedían y que después no se veían reflejadas en los medios de comunicación. Todo eso se ocultaba de alguna forma, del mismo modo que se ocultaba la existencia del VIH”.

Cita la publicación de las estadísticas sobre la incidencia del VIH como uno de los avances más recientes. Asegura que anteriormente si un enfermo de VIH moría nunca se hacía constar este extremo, sino que se indicaba que había muerto de neumonía, cáncer u otra enfermedad. La situación ha cambiado a raíz de la creación de un grupo de trabajo con el ministro de Sanidad, John Cortés, para desarrollar actuaciones en materia de salud sexual. “Planteábamos que queríamos saber y ya se han publicado las estadísticas por primera vez hace unos cuatro meses. Antes había un pudor mal entendido, un sentimiento como de vergüenza; ocultar que algo existe no lo soluciona, y eso sí se ha entendido ahora”.

Álvarez también pone de relieve el cambio de actitud en la población, especialmente entre los más jóvenes. “Mucha gente aún se siente intimidada si ve una pareja homosexual paseando de la mano, pero algo ha pasado, la gente tenía tres o cuatro años en 2000 ahora tiene 17 o 18,ellos han crecido en otro ambiente social y son ellos los que van abanderando la libertad. Este nuevo clima de tolerancia entre los jóvenes está contribuyendo, además, a que los mayores que antes se oponían ahora vayan suavizando su postura”.

El mayor desafío

El fundador de EGR recalca que el objetivo final, más allá de los logros concretos, es crear la conciencia de una sociedad civil en Gibraltar. Para ello, la asociación ha puesto en marcha otras campañas como la desarrollada en 2004 para combatir la pedofilia. “Puede que uno de los efectos de nuestra presencia y nuestras campañas a lo largo de los últimos 14 años sea que ha inspirado a la sociedad gibraltareña, tradicionalmente más conservadora, a ser más abierta y a darse cuenta de que para progresar hay que hablar claramente y enfrentarse a los problemas en lugar de taparlos porque los tapujos no nos conducen a ningún lado”.

“Creo que también ha inspirado a otros grupos, que a su vez nos motivan a nosotros, a que monten sus propias asociaciones y campañas. Por ejemplo, hace diez años nació una asociación que ha conseguido una ley contra el acoso escolar. Por la misma época surgió el movimiento ecologista en Gibraltar; vivimos todo un proceso de apertura”, sostiene.

La meta está muy clara: “Quiero pensar que hemos contribuido a generar la conciencia de una sociedad civil independiente. Tradicionalmente el gobierno y las instituciones se han encargado de estos temas. Estoy convencido firmemente de que es muy importante no solo introducir el concepto, sino apoyar a la gente para que, con independencia de las instituciones, luchen por lo suyo. Si las organizaciones de la sociedad civil que luchan por los derechos de los ciudadanos son absorbidas de algún modo por las instituciones o forman parte de algún partido político pierden la independencia. Al perderse la independencia, pierde la democracia y es muy importante que sigamos desarrollando esa parte de la democracia en Gibraltar”.

Álvarez dice sentir “una cierta responsabilidad hacia el futuro”. “ Habiendo conducido todo esto durante 14 años y habiendo cambiado un poco la temperatura social, no solo conseguir una u otra ley, sino conducir todo esto por el buen camino. Hay que aprender del pasado. No se trata sólo de importar directamente en Gibraltar patrones que han funcionado en otras décadas y en otras sociedades y pensar que eso funciona de la misma manera, ya que han cambiado muchas cosas y se han cometido muchos errores que no queremos cometer”, advierte.

Recuerda las primeras marchas del orgullo gay en Inglaterra, a principios de la década, de los setenta: “Participé en las primeras marchas, eran terroríficas, éramos cien personas rodeadas de 500 policías para protegernos de gente que nos querían matar, literalmente, y nos perseguían por las calles. Era una reivindicación política muy fuerte. En ese momento el orgullo era una cosa y tenía un mensaje político y un peso muy específico”

Lamenta que, con el paso del tiempo, el orgullo gay se haya “comercializado” y se haya convertido en un “carnaval”. Puntualiza que está a favor de las celebraciones y que no es el hecho de festejar lo que le preocupa, sino las consecuencias. En su opinión, la consecuencia negativa de esta “comercialización” es la creación de guetos en las grandes ciudades. “No es que los guetos sean malos, en un momento social y político son un refugio, pero cuando la sociedad va cambiando quizá ese planteamiento no es tan válido. A raíz de ‘guetizar’ este sector en un sector de las ciudades, en la misma medida empieza a aparecer la violencia homófoba. Si te concentras y te aíslas empiezas de alguna forma a ser un objetivo muy claro”, señala.

La propuesta de EGR para la celebración del Día del Orgullo en Gibraltar (PRIDE 2014) es plantearlo como una celebración para todos los sectores de la sociedad gibraltareña, de manera que se propicie una cohesión social. “Al ser una comunidad tan pequeña, es aún más importante evitar esa concentración de determinados sectores en un espacio reducido, por lo cual queremos que todos sean más solidarios los unos con los otros y si nos separamos, nos distanciamos el uno del otro, no aprendemos de los demás y no creamos esa cohesión de sociedad civil”.

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